sábado, 31 de mayo de 2008

Numancia, estilo y sensibilidad



NUMANCIA DE AREGORATA, madre de Verdi y Mozart. Hija de Oreka Emo x Oreka Adaka(Kandy)

Bonita perra. Mucho estilo cuando estaba detrás de las perdices. Una maravilla. Tanto es así, que un día le dije a mi hijo Emilio que es cazador, esta perra la vas a disfrutar tu. Es lo más elegante que hemos tenido en casa. Yo quería que disfrutara y que poco a poco saliera con más ilusión a cazar. Si iba acompañado de una buena perra, casi lo tenía asegurado. Así se hizo, pero los 3 ó 4 primeros domingos, teníamos que separarnos, para que la perra no me viera a mi, si me sentía ya no iba con Emilio. El primer día que la llevó, Emilio vino loco de alegría, que perra, Papa, le he matado 3 perdices, pero el número no importa, son los lances que me ha hecho pasar.

Así durante 3 domingos más, hasta que me dijo que le obedecía y que posiblemente ahora ya se iría con él aunque me viera. Pronto pudimos comprobarlo. Estábamos en la Fuente Somera y yo me encontraba a unos 200 metros de Emilio, la perra me sintió y vino conmigo. Le acaricié, pero poco después, le ordené que fuera con Emilio. No se iba. Insistí una y otra vez, pero no daba resultado. Opté por ordenárselo con voz de enfado y esto si que dió resultado, la perra se marchó. Bueno, por fín, ya lo hemos conseguido. Cuidado, señores. Las apariencias engañan. Todos los días, voy a limpiarles y a darles de comer y me daba cuenta como Numancia, estaba contenta en la perrera. Cuando le abría para limpiarle, salía contenta, pero a los pocos minutos se metía otra vez a la jaula. Al día siguiente igual y así algunos más, hasta que noté como estaba enpequeñeciendo. Su comportamiento me preocupaba, sin embargo, el hecho de que comiera y estuviera relativamente contenta, me desconcertaba. Poco a poco, empecé a pensar en ese comportamiento y un día de estos que no podemos dormir y que nos da tiempo a pensar en todo, pensaba en Numancia. Como no voy a pensar en los perros, sería raro y más en esa noche. Yo descansaba tranquilo, pero como digo, sin dormir, hasta que descifro el extraño comportamiento de Numancia. Ella se estaba muriendo de pena, por haberla rechazado yo. La noche se me hacía eterna y no digamos el día hasta que terminó la jornada de trabajo. Yo estaba deseando de salir para darle un abrazo y transmitirle todo mi cariño, en una palabra, pedirle perdón. Así lo hice, casi la estrujo y vaya si dio resultado. La perra volvió a ser la misma. Se sintió querida y eso para ella era el mejor alimento. Para terminar, a un perro, si le das cariño, lo sacas bastante al campo y lo alimentas bien, poco tendrás que ir al veterinario.