lunes, 26 de mayo de 2008

Roco, el precoz



NARIZ, VISTA Y OIDO AL MAXIMO EXPONENTE.
ROCO, Es un setter inglés, tricolor, nacido el 10/02/2003 en Amurrio (Alava)
Porqué en Amurrio? Carlos Urretxo, para quien le conoce, Bar Mirandés, me llamó a casa, para invitarme a cazar con él. Me dice que Dunga de Aregorata, no acepta a algunos perros y que incluso habían pensado en inseminarla. Acepto el ir a cazar a la provincia de Burgos y llevo a Verdi, Mozart y a Gora. Carlos llevó a Mino de Aregorata (POL) Y a Dunga de Aregorata. El día fue regular, escaso en capturas y en lances. Cazamos en un monte de Bog y en una mancha de Bog muy espeso, vimos a Verdi en muestra, llevaba la alarma desactivada, no supimos el tiempo que llevaría ahí. Nos hicieron una guía importante por un bosque muy sucio, no podiamos entrar nosotros, así que la becada estaba la mar de contenta. Salió de la espesura y se metió en un barranco profundo. No pudimos capturarla. Luego Dunga en otra gran espesura se quedó en muestra bastante tiempo. Carlos entró un poco y volaron un par de perdices. La jornada acabó y mira por donde, Mozart se fija en Dunga, le dice cosas bonitas, que bien has estado con las perdices, hacía que no te veía, y cosas así, hasta que deciden hacer algo bueno y Mozart le dice, ya eres mía y así fue. Nacieron 9 cachorros. Carlos no les puso calor porque creía que la temperatura era buena y que no hacía falta. Se murieron 6 y quedaron 3 por selección natural. Pensamos que quedaron los más fuertes. Roco, Rufo y Ronie.

ROCO, Hijo de Mozart de Aregorata x Dunga de Aregorata.

Mozart, hijo de Lefanta Snorre (de Iñaki Sagasti) x Numancia de Aregorata (de Juan Ruiz) (de Lefanta Snorre y de Numancia ya hemos hablado algo de ellos - Ver a Verdi)

¿Quién es Dunga de Aregorata? Se trata de una setter inglés tricolor, muy equilibrada. Con una prudencia digna de resaltar y nariz exquisita. Hija de Oreka Adaka (Kandy) x Oreka Emo.

En la camada que tuvo Kandy el 16-05-1997 nacieron 5 hembras. Había que poner nombres y mi hijo Emilio se encargó de poner el de Dunga, haciendo homenaje a un gran deportista, se acordó del capitan de la selección brasileña, uno de los más grandes. Teniamos a Numancia y a Dunga de la misma camada, eran dos grandes perras, de andar más fácil Numancia y por ello, nos la quedamos nosotros. Carlos se la llevó cuando tenía 7 meses.

Cuando la llevaron a las codornices, no hacía muestras, corría y corría, fruto de la gran aficción que llevaba en la sangre. Carlos estaba desesperado con esta actitud, considerando que estaba acostumbrado a cazar con uno de los más grandes perros que pueden pasearse por los montes, Mino de Aregorata (Pol) hijo de Oreka Adaka (kandy) x Hur de Kanpogane (de los Hermanos Iturregui). A Pol lo llevó Carlos con 6 meses y ya para entonces, demostraba ser un perro superinteligente, te estaba estudiando desde la jaula, era tranquilo y muy obediente. Poco a poco iremos hablando del afijo Kanpogane, de los perros Kay y Hur de Kanpogane. Como decía antes, Carlos se desesperaba, el ver a Dunga correr y correr y no mostrar. Me llamó y le dije que eso era normal, fruto de la aficción, que tuviera paciencia. Los días pasaban pero para Carlos se convertían en años. Me volvió a llamar y le dije que la trajera, para verla. Le dejé a Joya de Aregorata (Hur de Kanpogane x Oreka Adaka) para que pudiera cazar, mientras estudiaba a Dunga. La verdad que tuve que aplicar una terapia para corregir algunos temores, pero poco a poco, se iba pareciendo a la Dunga que salió de casa con 7 meses. Cuando ya estaba recuperada, le llamé a Carlos y le dije que la perra ya estaba preparada para llevarla al monte, pero le dije que deseaba ir yo con ella. Carlos no puso objección alguna, todo contrario, encantado de que yo fuera.
Llevé a Kandy que por cierto, nos localizó la primera becada. Poco a poco, la mañana iba pasando y comentaban de haber visto a Dunga a patrón alguna vez, yo estaba alejado de ellos, pero escuchaba el comentario, hasta que se oye decir a Manuel, Dunga está en muestra, la perra tenía 18 meses, yo dije, dejar la perra quieta, yo confío en ella, fuimos hasta el lugar donde sonaba la alarma, me agaché, le acaricié suavemente, bien Dunga, bien, muy bien. Apuntaba hacia unos espinos, muy enmarañados. Me tumbé, por delante de la perra, ella inmóvil como una estatua, metí mi mano todo lo que pude por debajo del espino, de pronto, salió la becada y Carlos por la otra parte, de un certero disparo cobro el trofeo. Bravo, Bravo, la perra se la merece. Todos quedamos muy contentos, pero la faena de Dunga, con 18 meses, me brindó aquella maravillosa becada en recompensa al tiempo que tuve que dedicarle y que desde ese momento, se doctoró en la Universidad becadera.

Después me llamó Carlos, para darme las gracias por el trabajo realizado y para decirme que estaba muy contento. Me contó que un día, cazando en un pinar, Pol se quedó en muestra, salió la becada y acertó en tirarla. Llegó Pol a donde cayó, se quedó otra vez en muestra,la becada no estaba allá, había caído herida, lo mismo hizo Dunga, pero con una diferencia, Dunga no solo mostró, sino que empezó a guiar y así durante 70 metros, hasta donde estaba la becada herida de ala. Una bonita faena. Bravo, Dunga, no esperaba menos de ti.

Una vez que hemos hablado un poco de la Madre de Roco, ahora le toca a éste.
Cuando tenían 2 meses y 10 días, Carlos me dice que puedo ir a recoger el cachorro, fruto de la monta. Le pregunto que tal son y contento me dice que ya ha visto mostrar a Roco a un trozo de hierba que tiró cerca de su perrera. Cuando llegué a recoger un cachorro, vi los 3 y la verdad, hice caso a Carlos, pero también tengo que decir que me gustó nada más verlo y los otros dos eran preciosos, pero algo ví de interesante en esa cabecita de setter.



Cuando Roco tenía 2 meses y 13 días, yo estaba de vacaciones. Lo metí en el asiento del coche y me marché a la Zona de Adiestramiento a darle un paseo. Así si hacía alguna caca, no ensuciaba la calle. Como digo, lo bajo del coche y lo dejo en el suelo, ando 60 metros y veo que coje un rastro firme y se desplaza otros 50 metros, sigue cazando y cazando. Pronto lo cojo y me voy a casa. Yo me preguntaba, ¿qué ha sido, pero que ha estado haciendo? no puede ser que estuviera cazando, pero lo que había visto, me contestaba todo lo contrario, que sí, que has visto bien.

Al día siguiente, aproveché y tomé alguna precaución antes de entrar al mismo lugar, miré a ver si veía algún animal. Efectivamente, ví correr a un conejo, se metió en las rocas. Una vez que ví al conejo, solté a Roco, 100 metros antes, y cuando llegó a donde había visto el conejo, maravilla en acción. Roco coje el rastro como si de un sabueso se tratara, ya no podía dudar, Roco cazaba ya con 2 meses y 14 días.



Una vez que pude comprobar lo que presentía, al día siguiente tomé la cámara y lo que gravé durante más de 1 hora y media, es digno del libro de los record. Sí he dicho eso, durante 1 hora y media, sin parar de cazar, solo, sin que de mis labios saliera una sola palabra de ánimo, el ánimo me lo transmitía él a mi. Alguna vez, se lamía los pies, pero la aficción a llevar los rastros era muy superior al sufrimiento por el roce con las piedras. El continuaba cazando, yo seguía gravando, cuando veo que toma un rastro superior, zigzaguea de un lado para otro, sube un ribazo, lo baja, vuelve para atras y yo no podía creer el espectáculo que estaba viviendo, cuando habían pasado unos 10 minutos y que iba desenredando el rastro, se mete en un trigo que le pasaba más de 15 cm. a él, va de un lado para otro, sale del trigo, vuelve a entrar, pero con gran velocidad, abre el lazo unos 60 metros, y veo la silueta de él al mover el trigo, cuando veo que levanta a dos perdices, las cojo con la cámara y vamos, aquí si que no pude más que alabarlo y darle casi dos besos, el nada más levantar las perdices, vino a mí. El sabía que había terminado un trabajo que había comenzado hacía más de media hora. Maravilloso, yo no me lo podía creer. Estaba loco de alegría. Una vez que le acaricié y le achuché todo que pude, lo dejé y siguió cazando. a unos 700 metros, se queda quieto, obserba y está escuchando el canto de una perdiz, se pone a muestra, apenas sin estilo, dado que era un cachorrillo, alguna guía con el mismo estilo, sigo grabando, continúa con el rastro y su minúsculo cuerpo parece guiar hacia donde otro par de perdices levanta el vuelo, estas se levantarón bastante lejos del perro. Roco se queda mirando, y yo digo, ya no se si las huele, las ve o las oye o todo junto. Esto es maravilloso, cómo puede ser que un cachorro de 2 meses y 14 días, sea capaz de algo tan grande. Mientras sigo con la grabación, Roco se marcha a unos 120 metros de mi, el solo, hacia donde se habían marchado las perdices, después de un buen rato, vino y continuó la búsqueda hacia donde cantaban las perdices. El seguía y un poco más arriba volvió a llevar con firmeza otro rastro. Tomé a Roco en brazos y me lo llevé al coche que tenía a unos 2 kilómetros. Yo no podía andar de alegría. Así continué durante los siguientes días, llevando al cachorro en el asiento del coche, en mis brazos hasta el monte. En el monte, ya no hacía falta ni coche ni brazos. La sinfonía comenzaba en ese momento. Por hoy ya vale, pronto seguiré contando anécdotas del más alto nivel, atribuidas al Precoz. Al maravilloso.