sábado, 7 de junio de 2008

Orígenes afijo: De Aregorata



Titular: JUAN RUIZ RUIZ

El deporte de la caza lo he practicado desde el año 1964 y rodeado de diferentes perros, Mestizos, Podencos, Sabuesos, Bracos y otros. Mi amigo y compañero de caza José Torres Delgado y yo, habíamos visto cazar perdices con una setter irlandés que lo hacía francamente bien y eso nos hizo meditar sobre cómo las cazábamos nosotros. Entonces teníamos unos cuantos años menos y los montes los subíamos con ritmo y velocidad y extremando las circunstancias, hasta sin botas. Digo sin botas, porque cuando falleció mi padre Emilio Ruiz García, yo tenía 13 meses, dejó unas botas de las que se usaban en el Servicio Militar, nuevas y mi madre Consuelo Ruiz Rubio, las tenía guardadas durante estos 18 años, para que me las pusiera yo algún día.

Un día de la media veda, nos fuimos a cazar mi amigo y yo a Valdemanzano, a 1 hora de camino desde casa, porque no teníamos coche, y al llegar, los clavos de la suela se iban rompiendo,porque durante esos 18 años, se habían consumido. Las botas estaban nuevas, pero yo me quedé sin suelas. Me até unas cuerdas rodeando el cuerpo de la bota con la suela, pero la suela no hacía más que salirse poco a poco para adelante, así que parecía que iba sacando la lengua del pie todo el día. Al final me harte de esa incomodidad y tiré las botas para que tuvieran un final más tranquilo. Tuve que venir descalzo por el monte. La pasión por cazar y la capacidad de sacrificio era grande, así que pronto se convirtió en una anécdota más de las tantas que nos ocurrían.

Había más caza que hoy, bastante más. Por ello, cualquier perro que estaba a nuestro lado, se hacía bueno. Cazábamos todo, codornices, perdices, liebres, conejos y también algún pato. El perro que nos acompañaba servía para todo. Los que más huella me han dejado, una podenca andaluza de nombre Sara, que compré por 250 pesetas en el año 1969 a Gonzalo Campos Pelarda "El trompeta" esposo de Pilar Moya Alonso.

Con esta perra inicié mis primeros pasos en psicología canina. Era una cachorra de 5 meses, no tenía más que ojos y orejas. Entonces su propietario ya no cazaba, así que como la tenía por la calle, los niños le daban golosinas y su esqueleto no era el deseado, estaba mal alimentada y tenía muchos miedos, tantos que cuando me la quería llevar a dar un paseo, y me alejaba 50 metros de casa mi abuela Antonina Rubio Royo donde la tenía, la podenca se me iba a casa. La tomaba en brazos y me la llevaba hasta San Juan, a unos 300 metros de casa, allá la soltaba y como no conocía el recorrido, no le quedaba otro remedio que seguirme. Así hasta que supo andar conmigo, un miedo menos.

Poco a poco la perra se parecía a lo que debía ser una podenca con un buen físico y equilibrada. La llevé al monte y aquí si que me tuve que emplear de verdad. Si en el pueblo no se atrevía, en el monte menos. Si quería que pisara por los lugares que debía buscar, yo debía hacerlo primero, así que a pisar aulagas y lugares sucios donde buscaría la caza después. Me costó bastante, pero como dije antes, a mi me gustaba esa perra. Sus primeros contactos con la caza fueron las codornices, las primeras ni se enteraba, pero llegó la primera, caricias, alagos, cariños y la perra se dio cuenta de todo esto que le hacía yo por algo que había hecho ella. Desde ese día se convirtió en una excelente perra. Ladraba el rastro de los conejos y las liebres sin verlos y los volvía como si se tratara de un sabueso. En sus comienzos con los rastros, se iba con algún zorro y tardaba a venir muchísimo, yo le castigaba porque me quedaba sin perra durante ese tiempo, ella estaba haciendo lo que tenía que hacer, pero yo ahí no me portaba bien, por mi inexperiencia en lo que conllevaba ser un perro de rastro. Poco a poco, y ya metida en los conejos y liebres, eso era una bendición. Cuantos se le mataron a la vuelta y las liebres igual.

Luego la reconducí a cazar las perdices y tuve que recortarla, para que me cazara a la mano. También lo conseguimos, pero nos metíamos al monte y sabía interpretarlo, así que teníamos una perra para cazar en mano y también en el monte. Era una experta en todo. Las perdices no las cazaba como un perro de pluma, pero como dije antes, éramos jóvenes y podíamos seguir a un podenco tras las perdices y todo hay que decirlo, no te tienes que dormir, porque se trata de un perro que le funciona de manera excelente la nariz, la vista y el oído.

Después cruzamos la perra con otro buen podenco con la idea de seguir teniendo de esta raza, es decir, podencos que ladraran el rastro sin ver a la especie de caza, pero ya no lo conseguimos. Ladraban solo si veían al conejo o la liebre.

Luego tuvimos varios perros de distintas razas, pero quizá el contraste de este cazar con el cazar de la setter irlandesa que he mencionado antes, fue el punto de inflexión, para pensar en otro tipo de perro. Así fue, en mi mente estaba en llegar a tener un buen perro de pluma y poder cazar las perdices de manera bella. Los últimos perros que precedieron a los Setter fueron, Pancho un pointer que me tenía loco.

Cuando tenía 2 meses, en casa y con una codorniz de granja, se ponía a muestra y temblaba como un cascabel. La familia también estaba ilusionada con lo que veía. Tenía mucha afición y yo lo sacaba desde casa de mi suegra Eulalia Jiménez López, hasta el Ojillo. lugar donde siempre hay agua. Se metía, nadaba y luego a casa. Alguna corriente de aire y con el perro sin secar, hizo que se enfriara, pero debido a su juventud y fortaleza no se notaba nada. Lo llevé a las codornices antes de abrirse la media veda y mostraba pero sin pasión y eso no era normal. Se abrió la media veda en Aragón y bajé para cazarlo y sucedió lo mismo. Yo estaba preocupado. Ese no era mi Pancho. A la semana siguiente se abrió la media veda en Soria y fuimos a cazar Pepe y yo a la zona de Valverde de Agreda. No tuvo que pasar mucho tiempo para que le llamara a Pepe y le dijera, Pepe vámonos a casa que si sigo cazando, reviento al perro. El perro no estaba bien, lo tuve que tomar en brazos y llevarlo durante mucho tiempo hasta el coche. Fui al veterinario, lo trató y a los 2 días se murió. !Que pena! como me acuerdo de él.

Me quedé sin perro, así que mi cuñado Luis Julio González Jiménez, que residía en Soria, tenía un amigo y este una setter roja. Me la prestó hasta que preparase otro perro. Era una perra obediente, no se alejaba, cazaba a la mano, pero estaba poco cazada y ya era una perra de 5 años, así que estaba bastante limitada. Aun llegué a matarle una liebre a muestra, pero la tuve muy poco y el motivo fue otro perro que le sustituyó.

Fue Dina, una mestiza de Grifón Nivernés con Spaniel Bretón. Mi amigo Pepe, tenía a Pincho, un sabueso que compró en Vozmediano y que con el hemos vivido momentos inolvidables. Cuanto hemos disfrutado con el. Cuando lo compró era bueno, pero nosotros lo hicimos mucho mejor todavía. Igual hacía al conejo que a la liebre que al zorro o al jabalí. Era un perro de rastro resolutivo, práctico y muy rápido en resolver.Hacía bien todo aun con las condiciones más adversas, como hielo, nieve o malos aires. De tan bueno que era, algún zorro se aprovechó, jugó con el. Un día fuimos a cazar zorros a los Cubos. ¿Te acuerdas, Pepe? Habíamos cazado a dos zorros, llevábamos toda la mañana por esos lugares tan montañosos, el perro iba bastante cansado y decidimos sentarnos a comer en lo alto de la montaña, en las Abejerillas, pero el perro tomó otro rastro y se fue con el hasta el fondo del barranco. Nosotros desde lo alto y comiendo lo que llevábamos veíamos a Pincho y al zorro. Pincho con el rastro milimétrico del zorro y este sabiendo que iba descojonado de tanto trabajar, se puso a jugar con el. Pincho ladraba, el zorro iba detrás del perro, dando vueltas a las matas grandes que había en el entorno. Viendo eso, nos levantamos y tuvimos que bajar para dar fin a esas mofas que no consentíamos. Que grande fuiste Pincho. Algunas veces, hubiéramos querido que no lo hubieras hecho también, principalmente cuando se ponía a nevar y tomabas el rastro de algún conejo o liebre, nosotros no te decepcionábamos, y aguantábamos todo que viniera hasta que se mataba lo que nos traías. A veces las condiciones no eran favorables, como el viento y el frío al mismo tiempo, así que aun se hacía más duro, los dedos estaban congelados y algún conejo o liebre se marchó porque al disparar no podíamos. Luego íbamos muy tarde a casa, pero nunca abandonábamos al perro, nuestras esposas Maribí y Reme nos han aguantado tanto, que tienen el cielo reservado. Gracias Maribí, por consentirme tanto disfrute con la caza y los perros.

Como decía, Pincho tenía fama de ser buen perro y Félix Calvo Gil de Muro que tenía también buenos perros de rastro quiso echar una perra de raza grifona nivernesa con Pincho. Así fué, a cambio tenía que darle un cachorro a Pepe. Pasaron los meses y cuando la cachorra que guardaba ya estaba para llevar, nos llamó para que subiéramos a por ella. Se había muerto Pancho y la cachorra me la daba Pepe a mí. Subimos a por ella y la sorpresa fue mayúscula. Pincho era marrón canela y la perra de Félix, marrón oscuro tirando a negra. Cuando veo la cachorra y era blanca con alguna pinta marrón claro, dijimos esto no puede ser fruto de estos padres, no puede ser. Estaba como una bola de gorda, los demás cachorros ya los había repartido y no quedaba más que ella. Me la llevé, pero seguimos las conversaciones para averiguar si había algo que no comprendíamos. Efectivamente, algo había sucedido anormal. La perra cuando estuvo en celo, un Spaniel de Cecilio Jiménez Calvo, había saltado la pared donde estaba la perra y la cubrió. Esto ya nos convencía más. La cachorra, era hija de este spaniel bretón. Como digo, estaba gorda y así siguió, era cariñosa, muy cariñosa, cuando te veía, se te metía entre las piernas y no te dejaba. Yo que tenía la idea de tener una hija de Pincho, apenas me hacía gracia y me la quitaba de encima sin prestarle mucho aprecio. Tenía la setter que me prestó el amigo de mi cuñado y un día de verano, en tiempo de caza de la codorniz, me salí sin escopeta a la Dehesa a darle un paseo a Dina la cachorra, tenía 3 meses y medio, me encontré con varios cazadores, llevaban varios perros, en total unos 8. Tiraron a una tórtola y cayó. Entre tantos perros, fue la cachorra y la cojió ella. No hubo perro que se la quitara de la boca. Este detalle, me gustó mucho, demostró tener mucho carácter y no tener miedo a nada y lo más principal, tenía casta de cazadora. A los pocos días me marché con la escopeta, andando por el camino Muro, con la setter y Dina, la cachorra, no tenía 4 meses. Yo en el camino, la cachorra toma un rastro y yo viendo como lo llevaba, monte arriba y cuando había caminado unos 120 metros por la ladera, veo como hecha una perdiz. Sorprendido y lleno de alegría me marché a casa, diciendo ya tengo perra. Al día siguiente, tomé la setter y se la llevé a su dueño. Agradecido por el buen detalle de dejarme una perra, para que cazara hasta que tuviera otro perro. Así se hizo. Dina tenía muchísima afición, cazaba a muestra y también al rastro.

Cuando tenía 5 meses y medio, fuí con ella al Cerro de San Blás, vi como corrió un conejo por la linde de las estrepas, yo estaba lejos, pero con un acto reflejo disparé. Fui hacia donde había visto el conejo y pronto tomó el rastro Dina, se metió en el Monte, ladraba el rastro con firmeza y como no venía me metí al monte. Pronto la vi como llevaba el rastro como si se tratara de un perro de varios años, de repente, me mete el conejo en los pies, yo a tenazón le tiro, pero ya no lo veo. La cachorra sigue que te sigue con el conejo. Cuando pasaron 5 minutos, se presentó con el conejo en la boca. Yo no podía de alegría. Su primer conejo, sin experiencia y lo había hecho como no lo hacen los grandes perros. Que gran perra. Algún problema tuve por esa gran afición. Una vez tuve que indemnizar a Jesús Ruiz Ruiz, porque llevó a medio gallinero por las calles de Agreda y mató a 4 gallinas y porque el resto casi se marchan del pueblo.

Después vinieron una pareja de bracos. Yo tenía una pareja de spaniel que me regaló Florian Moya Jiménez, jovencitos sin apenas 2 meses. Me fijé en la perra y que también me cautivó, hacia cosas muy bonitas a su corta edad. Mi amigo Pepe tenía 2 bracos que habiamos cambiado a Germán Lázaro por dos podencos. Pepe me dijo que cambiáramos los perros. El se quedaba los spaniel y yo los bracos. Así lo hicimos. Los bracos los cuidé en la cochera del piso donde resido ahora, así que llegaron a estar muy educados. No molestaban, pero todo hay que decirlo. Toda la familia colaboramos en ello. Yo a las 7 de la mañana los sacaba para que hicieran sus necesidades, las hacían enseguida, así que todo estaba controlado. Los metía de nuevo, los ataba porque tenía un seat 850 y el espacio no daba para más. Luego, mientras yo estaba trabajando mis hijos y alguna vez mi esposa, se encargaban de realizar esas tareas. Poco a poco crecieron y recuerdo que daban que hablar porque mostraban a las palomas caseras que había por el Pueblo y las guiaban con todo el desparpajo. Yo era feliz, nos daban bastante trabajo para conseguir que no molestaran a los vecinos y también para que no oliera la escalera por la tenencia de nuestros canes. Lo conseguimos. Se presentaron con 6 meses y llegó la codorniz. Fuimos a cazar y llevamos a estos cachorros, no el día de la desveda, sino algún día suelto después. Recuerdo que las primeras horas, no hicieron nada porque no sabían a qué iban, pero por la tarde y después de haber mordido alguna ya, Banda, la hembra se quedó a muestra en un perdido, Zar el macho a patrón, les asistimos y había una codorniz a unos 60 metros. Una demostración de que no es necesario cazar mucho a un perro para que haga bien las cosas, sino que haya tenido un crecimiento sin miedos, que los saquemos mucho a andar, en una palabra, que esté preparado físicamente. El resto si es un buen perro ya lo pondrá el. Un día de noviembre fuimos a cazar perdices Pepe y yo a los Cubos, terreno difícil, pero estábamos acostumbrados a todo. Fuimos por Dévanos. Pepe iba por el alto del puntal, yo por los bajos, cuando una oveja recien parida cuidaba de su cordero, se había despistado del rebaño y el pastor la perdió. Yo llevaba a los 2 bracos y a Dina, los tres perros que ven a la oveja, la encorren, la oveja gira y gira, los perros detrás, yo también, les ordenaba parar, pero no me hacían caso, intentaba evitar que le hicieran daño, parecíamos un tío vivo a piñon fijo, porque los perros no cogían a la oveja y yo no lograba retener a los perros. Por fin la oveja para proteger al cordero se dirige en línea recta y se marcha de donde estaba el corderillo. Corre que te corre, salta un ribazo y llevando los perros detrás, yo llego y están los perros con la oveja que con el golpe del salto parecía estar muerta. Yo castigué a los perros y me marché a buscar a Pepe, para luego buscar al Pastor y hablar con el para imdennizarle por el daño causado. Fuimos Pepe y yo al lugar donde se había quedado la oveja y Sorpresa. La oveja no estaba. La buscamos, pero no hubo resultado. Nos fuimos a por el cordero lo cogimos y nos fuimos hacia Dévanos. Por el camino nos encontramos a un señor que le contamos lo sucedido y el fue quien nos dijo que había visto pasar a una oveja dirección del Pueblo y que parecía endiablada. Le dijimos si no le importaba llevar el corderillo a su dueño y contarle lo sucedido. Lo aceptó y nosotros agradecidos. Que mal rato me hicieron pasar los condenados. Así que ahora cuando veo un rebaño, siempre controlo a los perros por si alguno se le ocurre fijarse en una oveja. No lo hacen. Creo que saben las consecuencias. Con estos perros en casa, no necesitaba nada, pero mi objetivo marcado desde hace mucho tiempo estaba en tener buenos perros, con pedigree y orientados a cazar las perdices a muestra y con guías serenas, al ritmo que quisiera yo y con firmeza. Ese era mi objetivo.

Para conseguirlo, debía comenzar la obra por los cimientos y estos eran conseguir unos buenos progenitores. Recorrimos varios lugares que tenían fama de tener buenos perros. Todo lo contrario, vimos mucha mediocridad y sobre todo poca higiene y el cuidado de los cachorros dejaba mucho que desear. Si un criador no se preocupa de tener lo básico bien, no debería tenerse como criador. Considero que una persona que tenga como trabajo la crianza de perros como su actividad principal, puede ser tan digno ese trabajo como cualquier otro. Sin embargo, todo criador debe esmerarse en conocer la raza de perros que cría, para tener como objetivo conseguir lo mejor dentro de esa raza y luego esforzarse porque los cachorros que críe, tengan el mejor aspecto ,tanto física como psiquicamente. Bien, como digo en las visitas que hicimos, no vi nada de lo que yo quería. Por cierto, los que se tenían como puritanos, resultaron no serlo. Llegamos a un criadero, Pepe, su esposa y yo. En estos casos, la vista es la que trabaja, obserbas y no paras de mirar a todos los perros para después poder intercambiar ideas y sacar conclusiones. Yo miraba, pero no había visto nada que me detuviera, de pronto, Pepe me dice: ¿Conoces a esa perra? era una spaniel, estaba preñada, yo no la reconocía. Me dice: Es Numa, la spaniel que cambiamos, que tuviste tu y que me cambiaste por los bracos. ! Ah ! , es verdad. Pepe la había cambiado a otra persona por un grifón y a la persona que se la cambió, se la robaron. Luego la persona que la robó la llevó a otra y esta al criadero que visitamos. Preguntamos si todos los perros que allí tenían eran de ellos, nos dijeron que si. Preguntamos si estaba en venta la spaniel, nos dijeron que no. Seguimos viendo lo que había y como no vimos lo que queriamos nos fuimos. Al día siguiente le dijimos a la persona que le habían robado la spaniel que su perra estaba en tal criadero. Bajó y se armó la de San Quintín. Le dieron la perra y preñada y a callar, porque la cosa estaba calentita. Conque todos los perros eran criados allí, eh. Baya,baya, en este País, somos buenos hasta que se demuestra lo contrario.



Un fín de semana, nos marchamos a Munguía a visitar el criadero Atxuri, tenía bracos. Antes de llegar, preguntamos a unas personas, por el criadero de perros que hemos mencionado y nos orientaron mal, creyeron que preguntábamos por otros, así que nos orientaron hacia el criadero de afijo " Kanpogane ". Cuando llegamos a el, vimos que se trataba de un error, allí sólo había setter ingleses y nosotros no habíamos pensado en setter. Nos atendió José Angel Iturregui y luego también su hermano Jesús Iturregui. Nos atendieron muy bien. Nos enseñaron los perros, muchas fotografías, mantuvimos una muy larga conversación, y tengo que decir, que yo me encontraba feliz por estar delante de unas personas entendidas en perros, y que por lo que vimos, tenían ejemplares con mucha pasión por la caza. Era todo lo que yo quería encontrar y que por una casualidad lo habiamos encontrado. Entonces tenían a Kay de Kanpogane. Vimos el criadero Atxuri, y la verdad, en esos momentos, no vimos lo que deseabamos. Descartamos todos los anteriores y nos quedamos con lo que no habiamos pensado nunca, tener un setter. Nuestro clima es seco y los setter exigen climas húmedos. Sin embargo, adquirimos un pequeño setter que demostraba buenas maneras ya desde cachorrillo. Por unas malas prácticas nuestras, este cachorro se murió. Yo deseaba tener otro setter y la relación de los Hnos.Iturregui, no perderla. Dicho y Hecho. Llamamos a estos Hermanos y les pedimos otras dos cachorros setter. No tenían. José Angel me dijo que iba a contactar con Iñaki Sagasti que tenía una perra parida y si este quería, nos podía atender. Nos habló de quien era Iñaki Sagasti. Nos dijo que era una persona amante de los Setter y que le gustaba tener siempre lo mejor. Iñaki, tenía entonces a Yurre de Larrañazubi con una camada. La había cruzado con Kay de Kanpogane, macho de los Hnos.Iturregui. Como decía, José Angel habló con Iñaki y este nos reservó las 2 hembras. Fuimos a por ellas, conocimos a Iñaki y en el tiempo que estuvimos pudimos comprobar todo lo que nos habían contado, becadero hasta la médula, siempre acompañado de los mejores setters. Pasaron los minutos, fuimos al lugar donde estaba la camada. La observamos, escuchamos los comentarios de Iñaki, de como se comportaban todos lo cachorros de la camada, José Angel, también aportaba sus observaciones y por fín las elegimos. Los nombres que les puso Iñaki, fueron Oreka Adaka = Brote de Oreka. La otra Oreka Apain = Adorno de Oreka. Oreka es el afijo de Iñaki y significa Equilibrio. Iñaki estaba muy seguro de lo que iban a ser. Dijo: " Serán, sin duda dos buenas perras de caza " Cuando recogimos las cachorras, eran muy pequeñas, yo tenía miedo de que se murieran, no quería llevar tan pronto, sin embargo, Pepe no dudó. Iñaki también estaba muy seguro de que no iba a pasarles nada. Estaban perfectamente vacunadas. Sin embargo yo tenía miedo a que pasara lo mismo que al otro setter que se nos murió. Tivimos suerte, no pasó nada y las setters crecieron sin problemas. Visitamos más lugares, entre ellos el criadero de Ricargo Manso, Juez Internacional y Presidente del Pointer Club Español . También nos gustó lo que tenía . Y lo mismo con Alfonso Marín, Presidente del Club Braco Alemán en España. Compramos 2 Setters. 2 Pointer y 2 Bracas. Todo hembras. Ya habíamos comprado los perros y nos disponíamos a tener unas instalaciones en sociedad con el objetivo de hacer un Criadero Selectivo. Compramos una finca de 2300 metros y solicitamos permiso al Ayuntamiento para construir. Nos negaron licencia aludiendo algo que resultó ser falso, alegamos y como llevábamos razón, nos dijeron que volviéramos a meter un nuevo proyecto. Pepe se marchó a Soria a trabajar y poco a poco nos fuimos enfriando. Dividimos los perros.

Yo me quedé las 2 setters y una pointer. La pointer, no hacía más que correr y correr, pero de mostrar nada de nada. Yo sacaba a los perros bastante. Cuanto más las sacaba más querían. A mi me pasaba lo mismo. Estaba deseando de tener un rato libre para irme al campo. Llegó la primera temporada de caza de la codorniz y lo que tuve que aguantar fue mucho. Ahora lo cuento: Era Agosto del año 1990. Las setter tenían 1 año y 2 meses. Fuimos a lo de Fuentes, llegó la hora de cazar, Oreka Adaka (Kandy) y Oreka Apain (Eva)



2 hembras hermanas, excelentes, diferentes, la primera apasionada hasta la médula. Rápida, Estilo e instinto para localizar la caza fuera de lo común. La segunda, bella, muy bella, llegó a ser una excelente perra de perdices. Ambas salieron al monte con toda la preparación física que se pueda dar a un perro el resto lo tenían que poner ellas. Pasaban los minutos y de poner codornices, nada de nada. Corrían y Corrían, pero no localizaban codornices. La velocidad era endiablada. Yo sabía que había codornices y las llamaba para que buscaran donde yo quería, pero no daba resultado. El afan de cazar de ambas perras, les hacía cazar a unas velocidades que no eran normales. Así durante toda la mañana. Cuando más apretaba la calor, decidimos irnos a casa. Por la tarde fuimos a coger otra vez las perras y no podían ni tenerse. Estaban aspeadas. No me extrañó. A las velocidades que iban y durante tantas horas, con la sequía del verano no era extraño. Tuve que dejarlas a que se recuperaran porque me daba bastante pena el llevarlas de caza de esas maneras. Fueron pasando los días y así hasta que la temporada pasó sin pena ni gloria. Yo no conocía esa raza de perros y debía aprender mucho. Fui paciente y dejé que el tiempo me diera la razón, esperar daría sus frutos. Sabía que tenía dos buenas perras y que todo lo que me habían dicho los criadores y todo lo que había leído, algún día se cumpliría. Llegó la perdiz y me pasó algo parecido. Las velocidades que llevaban no eran propias para la caza de la perdiz. Si maté, pero sin que tuviera nada que resaltar. Llegó la segunda temporada y casi me pasó lo mismo. En las perdices, un día me bajé al Río de la Casa, un lugar de caza que lo frecuenta algún loco como yo y los corzos, jabalíes y las cabras de Félix Cacho Delgado Dije, vamos a ver quien puede más.




Me llevé a Kandy, la primera muestra que me hizo eran las 11 de la mañana a una perdiz, se la fallé. Me hubiera dado un puñetazo, con las ganas que tenía de que llegara ese momento. Bueno, yo no me desanimo tan fácil, así que continué por los barrancos del infierno. Eran las 2 de la tarde cuando me puso otra perdiz y esa si que se la maté. Ya era hora. La primera. Poco más tarde, llegó la segunda. Algo estaba cambiando. Yo estaba que no me tenía, pero estaba feliz, porque por fín, había mostrado Kandy. Para Noviembre me llamó Nicolás Urdampilleta, de Oyarzun y me dijo de pasar un día de caza juntos a la becada. Yo acepté con mucho gusto, considerando que las primeras demostraciones de perros de muestra que se hicieron en nuestro Pueblo, las propiciamos nosotros. Nicolás, por una parte y Joxan Recondo y Hermano por la otra. Teníamos amistad y yo quedé muy agradecido de que tuvieran el detalle de hacer una demostración con sus perros que resultó muy exitosa y más cuando era la primera que se hacía en mi Pueblo. Como digo, vino Nicolás y sus dos cuñados. Todos becaderos. Fuimos a Moncayo. Yo llevaba una correa para atar a Kandy, para evitar que les molestara a sus perros. La velocidad que llevaba, era propia de un animal incontrolado, capaz de hacer perder los nervios a cualquiera. Nicolás me dijo de no atar la perra, que la dejara libre. Así lo hice. Pronto, José me dijo que había echado Kandy una becada y que salió tras ella a 300 por hora, Díos, ha pasado como una bala. A media mañana, el braco de Nicolás que se llamaba ELDU localizó una becada y Kandy patroneó perfectamente, salió la becada, se les mató y Kandy la cobró. A partir de estos momentos, en Moncayo, campeó una sola perra y esa era Kandy. La vimos en una ladera bastante empinada, en todo lo alto a muestra, guiaba con clase y poco después le matamos la becada. Ese día, nos quedamos todos sorprendidos por como había sufrido esa transformación tan grande una perra. De no saber qué eran las becadas a pasar a dominar el monte y ser ella la directora de la jornada. A mi no se me olvida ese día, pero a Nicolás y cuñados tampoco. Las fechas posteriores, me dediqué a la educación y una vez conseguido a disfrutar, porque lo que me hizo disfrutar Kandy solo lo se yo. La pasión de esta perra por cazar, era tan grande que de no caer en manos cazadoras, se hubiera malogrado. Le hubieran puesto collares de castigo o se habría recurrido a recortar a esta fuera de serie y se hubiera quedado en media perra, como tantos y tantos perros. A mi me gustan los perros que tienen mucho carácter, con mucha aficción, los que pueden hacer cosas diferentes. Pero también soy consciente de que el que algo quiere algo le cuesta y si ese algo es difícil de conseguir, también nos costará más esfuerzo en conseguirlo. Dicho todo lo anterior, ahora ya tenía la base para empezar a conseguir mis metas. Perros de muestra de las mejores líneas. Recuerdo que fuí a cruzar la Pointer a Lasarte y llevé las setters también. Ellas no estaban en celo, pero pronto saldrían. Subían las laderas de las campas como si fueran llanas. Al dueño del pointer, le gustaron. Yo le propuse darle un cachorro setter cuando lo tuviera a cambio de la monta de la pointer. No quiso. Me cobró la monta y punto. Poco después fue el quien me llamó para conseguir un cachorro a cambio de una monta. En esta ocasión, fui yo quien dijo que no. Ese mismo día, me acerqué a visitar a los Hermanos Iturregui y también a Iñaki Sagasti. José Angel Iturregui, vió la perra y después de observarla detenidamente, dijo que si sabía lo que tenía. Me dijo que tenía una perraza, un diamante en bruto y que una vez refinado, sería la bomba. Yo sabía que era buena, pero debía aprender mucho de la raza y todo lo que escuchaba de los buenos setterman, lo absorbía como una esponja. Deseaba hacer alguna monta y por ello, hablamos en casa sobre qué nombre elegir de afijo. Estaría bien Rugonza, Ru de Ruiz y Gonza de González. Lo solicitamos pero nos dijeron que no podía ser. Que buscáramos otro. Pensamos en el nombre de nuestro Pueblo-Agreda. Los nombres de Agreda en sus orígenes fueron Arégrada y Aregorata. Solicitamos el nombre de Aregorata para nuestro afijo y con fecha 10 de Diciembre de 1991 se nos concedió el N.º 419/91 De Aregorata.