martes, 27 de enero de 2009

Adios, Roco.



Todo ha sido muy rápido. Hasta casi finales de julio de 2008 las salidas al campo fueron escasas, debido a la falta de tiempo y también porque las especies cinegéticas estaban en sus tareas de reproducción y no podiamos molestarles. En los últimos días de este mes, empezaste a comer sin apetito, a dejar parte de tu ración y fueron los primeros síntomas de que algo no iba bien. Al principio pensé que intuías la llegada de salidas más continuadas, tu pasión por cazar y tu inteligencia me hacía pensar cualquier cosa, menos que iba a ser el principio del final. Primeros días de Agosto, cada salida al monte significaba que viniera preocupado por lo que veía en ti. No eras el mismo, tu nariz no percibía algunos olores y eso era suficiente para pensar que algo te pasaba.


Así transcurrió el tiempo hasta que llegó el primer día de caza de la codorniz. La mañana no podía estar mejor para ti. Llovía suave, muy suave, yo presentía que iba a ser un día grande, de excelentes momentos, como los que me hiciste pasar un día semejante cuando tenías 2 años. Llevabas las codornices con velocidad de relámpago, pero con la belleza de astro, muestras y guías excelsas, en fin, que más puedo decir, mi débil memoria nunca olvidará los grandes momentos que me hiciste pasar. Sin embargo, algo iba a cambiar, empezaba la mañana y 2 codornices se levantaron a 10 metros de ti, tu no las habías olido y eso no era normal. Tu siempre detectabas la caza con mucha distancia y te daba igual como fueras, viento a favor o viento en contra, tu prudencia era tal que te adaptabas a todas las circunstancias, así que según iba transcurriendo la mañana me daba cuenta que ya no eras el mismo Roco.

Fuimos al veterinario, te hicieron una analítica completa y el resultado según el especialista dijo que los síntomas obedecían a una parasitosis. Te medicamos para ello, pero nada cambiaba. Tu seguías igual. Fuimos a Orense a cazar las codornices y ya no podías más, te parabas, pero seguías capturando el olor de las avecillas en los patatales. Nos parábamos los dos, descansabas y seguías sacando fuerzas de no se dónde, pero sacabas. Capturamos 8 y en ese estado. Así que estaba deseando de irme a casa para ir otra vez al veterinario y que te hicieran nuevas pruebas. Te las hicieron. Leishmaniosis, Filiariosis, y otras. Todo negativo. Con todas las pruebas negativas, ordenamos seguir con la investigación, hasta que te hicieron un electrocardiograma. Resultado: Insufiencia cardiaca.

Por fín. sabemos qué te pasa. Yo dije, menos mal. Ahora con la medicación, seguiré con Roco. Un día, otro y otro y así varios, pero tu salud no mejoraba. Todo lo contrario, empezaste a acumular líquidos y cada vez peor, hasta que por fín, un día de octubre del mismo año 2008, llegó la hora final.



No pensaba que me ibas a producir un vacío semejante. Eras diferente, sabías hacer todo bien, me comprendías solo con mirarme y todo esto hacía que te tuviera como un superdotado. Si, eso.

Es difícil comprenderlo, pero he tenido la suerte de conocerte y la desgracia de perderte.
Adíos, Roco.

Gracias por todo lo que me has hecho disfrutar.