lunes, 29 de noviembre de 2010

Cazar mucho, matar poco.


28 de Noviembre de 2010. Ayer sábado fuimos a las becadas, pero no vimos ninguna. Hoy domingo vamos a las perdices. Mi amigo Pepe con Etorri y yo con Furia. La mañana se presenta muy fría, una escarcha que parece que ha nevado y nuestro ánimo caliente. Pepe tiene ganas de vivir algún lance digno de retener en la memoria. Etorri con unas prestaciones excelentes en la caza de codornices no hace un buen trabajo en perdices y Pepe tiene ganas de ver cosas diferentes. Apostaremos porque sea hoy el día del cambio. Una vez preparados, sacamos los perros y los guantes. !Que frío!. Iniciamos la búsqueda y cuando llevamos andados unos cuatrocientos metros, furia se queda en muestra, etorri patronea, ambas con buen estilo. Rompen la posición y pronto para Etorri, respeta Furia, guían, pero Etorri no soporta la presión de las emanaciones comete el primer error, rompe la muestra y veo como el bando se ha levantado mucho antes de poder disparar. Seguimos la mano por si se ha quedado alguna y efectivamente veo cómo se levanta alguna más. Le aviso a Pepe de esta situación y de la dirección que han tomado unas y otras. Como siempre nos sucede, empezamos juntos, terminamos cada uno por su lado. Pepe se centra en una que se ha desperdigado y yo me centro en otras. Enseguida, Furia las detecta, pero sin haber motivos para que nos sintieran, las veo volando.

De nuevo Furia a muestra. Buen trabajo. Respeta perfectamente y me lleva a ellas. Que bien, estoy en buen lugar para si sale alguna. Furia ya no desea caminar, mi corazón se altera, pero no se atreve a palpitar por miedo a levantarlas, paso por delante y veo como se levantan fuera de tiro. ! Que pena ! Hay que seguir. Las horas pasan, bastantes lances pero posibilidades de disparo ninguna. Hago un recorrido para tomar el buen aire y Furia en vez de seguir mi dirección se marcha en opuesta. No es normal, la veo como se alarga y la pierdo de vista. No viene y eso me hace pensar que ha podido tomar las emanaciones. En parte me enfado, pero también pienso que si ha olido las perdices su deber es ir hacia ellas. Me doy la vuelta y voy en su búsqueda y pronto la veo a lo lejos en muestra. Muy bien. Me voy acercando a ella y cuando le acaricio comienza a guiar, pero otra vez las perdices sales fuera de tiro. Como saben. En este caso es normal que hayan salido a distancia. La perra llevaba varios minutos parada y las perdices le habrían visto, así que apeonan y se alejan. Saben demasiado. A por ellas. Me están ganando la partida y las fuerzas ya van algo más mermadas, pero soy perseverante e insisto en buscarlas de nuevo.

" No es todo oro lo que reluce " no. Ante una muestra de Furia me hace estar alertado, pero me decepciona al se un pájaro y que a la postre, hace que ante una nueva parada fulminante minutos después, vea otro pájaro salir y considere que me está tomando de nuevo el pelo. Este fue mi error, no hice caso y cuando llevaba unos cuantos metros de distancia, se levantó una astuta perdiz. ¿ Será posible ? pues si. La brava perdiz, supo cuando salir para no ser tirada.

Son muchas horas de andar y andar, subir y bajar montes y que te pasen cosas así, pues te da rabia. Furia me pregunta ¿Y ahora que tengo que decirte a ti ? Yo le digo que lleva razón. No he confiado en ella.

Me voy alejando del punto de partida, las horas pasan, las fuerzas más mermadas y sin ninguna captura. No me doy por vencido y decido seguir. Paso un camino rural y de nuevo la perra toma una emanación que me lleva hasta la cumbre de la pequeña elevación. Se para y paso por delante con la sorpresa de ver cómo se levanta una perdiz mermada por algún perdigón de otro cazador. El disparo es sencillo y termino la escena. Muy bien Furia, muy bien.

Varias ocasiones más se quedan en mi memoria, pero hasta las tres de la tarde, seguí caminando sin éxito. ! Que difícil es abatir una perdiz aun con un buen auxiliar ! Son bravas, astutas y desconfiadas. Seis horas y media caminando a una buena velocidad, para conseguir una perdiz y mermada. Es poco pero no está mal. Pienso que otros cazadores no pueden hacer esto. En sus cotos han tenido que recortar días de caza y posiblemente hoy no hayan podido salir a cazar. Con esta comparación no puedo evitar acordarme de los cazadores que no respetan los cupos de piezas establecidos. Me pregunto ¿ A estos se les puede llamar cazadores ? ¿ O tiradores ? Gracias que hay una gran mayoría que prefieren cazar más tiempo, capturando menos.

2 comentarios:

  1. Como puedes comprobar, me he hecho un asiduo de tu blog, no lo puedo evitar, me encanta leer, escuchar y hablar de caza, casi tanto como practicarla y por desgracia no hay muchos buenos cazadores como tu para poder hablar de experiencias sin tener que aguantar sus fanfarronerías y fantasmadas de número de piezas abatidas.
    Yo tengo la suerte de poder comentar las jugadas con mi padre y nos pasamos horas hablando de nuestra pasión, pero claro en casa si abusamos nos hechan los perros. Tu comentario de hoy me ha apasionado por el tesón y perseverancia con la que cazas. Creo que en eso coincidimos plenamente. Algo que en la caza me enseño mi abuelo, me arraigo mi padre y que ambos compartimos es no dar nunca una pieza por perdida respetando siempre sus habilidades y no aprovechándonos nunca de sus inferioridades insalvables, tanto en su busqueda como en su cobro. Cuando alguno de los dos, mi padre o yo abatimos una caza no cesamos en el empeño de recuperarla, perdiendo incluso todo el día, llamandonos y unificando la fuerza de ambos y de todos nuestros perros por recuperarlas y no perderlas en el monte tras su abatimiento. Si me permites solo una anecdota que en parte también te atañe. Si recuerdas la perrita beagle que nos regalaste hace años, la cual echo de menos todos los días de caza desde que nos dejo, con ella he pasado tardes enteras buscando perdices de ala o muertas no recuperadas por diversas circunstancias durante la jornada. En una ocasión recuerdo que me recupero una perdiz a las 18:00 horas, que tire a las 8:30 de la mañana, después de ir a buscarla una vez termine de comer, estando en el monte 3 horas buscando sin arma, con una niebla que no se veían tres metros delante. La satisfacción de mi perseverancia y de su trabajo bien hecho no la olvidare nunca en mi vida, trabajo que repitió en numerosas ocasiones llegando a traerme piezas a muchísima distancia de mi. Su perfección en la caza de TODO, nunca más la veré en un perro, ¡¡cuantas jornadas te hemos agradecido en la distancia tu regalo!!
    Un abrazo, perdona mi rollo y manten la línea de trabajo que tantas satisfacciones te produce para que nos las puedas narrar.

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  2. Amigo Luis.

    !Que bonito! La escena que cuentas si que merece la pena comentarla. Me imagino lo que sentiste ese día. El cobrar una perdiz después de tantas horas de búsqueda, la alegría que tuviste que sentir es indescriptible. No me extraña que no lo olvides y hables así de tu beagle. Me hace feliz el saber que habéis disfrutado tanto con ella. Aficción, Constancia, Fe, resultado: La esencia de la caza.

    Un abrazo, Cazador.

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