lunes, 24 de octubre de 2011

Las dudas de un perdicero.

23/10/2011. Apertura de la caza menor en general. Son las 7:45 es hora de partir para el monte. Pepe, mi hijo Emilio y yo nos dirigimos al cazadero. Sopla viento sur y deberíamos dejar los coches lo más al norte posible, pero otros han madrugado más y ocupan ese lugar ellos. Nos situamos en la mitad del cazadero y hacemos tiempo para que la luz del día permita disparar con seguridad. Momentos después, llegan otros, nos toman la delantera y nos quedamos en tierra de nadie. Se trata del primer día de caza y aunque vemos cazadores por todos los lados, nos lo tomamos con calma pensando en que tendremos nuestras oportunidades. Sacamos los perros y escuchamos los primeros disparos a un bando de perdices que se dispersan. En la mano que llevamos Emilio y yo, se levanta una perdiz fuera de tiro y que se dirige a todo un grupo de nuevos cazadores que se incorporan al cazadero por otro lado del mismo. Disparan y la perdiz es abatida.

Poco a poco nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de escopetas y que teníamos que salir de ese cerco aunque no fuera nuestro deseo. Así lo hicimos. Furia se quedó en muestra entre Emilio y yo, el Sol nos daba de frente, se levantó una perdiz que con un vuelo vertical quiso aliarse con el Sol. No pudo ser. Furia la buscó y nos la entregó como inicio de temporada.

Hay muchos cazadores en el lugar y se escuchan pocos tiros. Nosotros no logramos ver ninguna perdiz más, pero no nos desanimamos. Poco a poco nos vamos juntando con unos y otros, pero ninguno lleva nada, excepto el grupo de Javier Ruiz, Jesús Narvajas y mi sobrino David del Río que han cobrado un jabalí.

Ampliamos la búsqueda, pero de volar perdices, nada de nada y esto sumado a que no se escuchan tiros por ninguna parte, empieza a preocuparnos y decidimos trasladarnos a otro lugar. Según nos vamos, otros vienen de otra parte por el mismo motivo. Nuestro primo Santiago del Río y su socio Angel Cacho, nos comunican que no han visto perdices y se trasladan para intentar cambiar la suerte.

Según dejamos los coches, tres perdices apeonan y se alejan de nosotros para levantar el vuelo después. Las buscamos pero no logramos encontrarlas. Seguimos con el viento de cara para localizar alguna otra. Sin resultado positivo, es casi la una de la tarde y Emilio decide irse a casa. Es su cumpleaños y ha quedado con Vanesa y sus amigos a tomar un vermut. Otro día que mi hijo se marcha sin vivir buenas sensaciones de caza. Es cierto que cuanto más deseo de que sea una jornada rica en lances, más se cumple lo contrario. Si seguimos así, los pocos días que viene para complacerme a mi, podrían ser cuestionados. También es cierto que mi hijo está preparado para vivir momentos de precariedad y se queda con lo positivo y que es nuestra compañía, nuestras caminatas, el almuerzo los perros y muchas cosas más que conlleva la caza, pero que no se cazan.Se viven. Pepe también quiere sacar los sabuesos y abandona las perdices.

Sin Emilio ni Pepe, decido meter al carro a Furia y sacar a Kobi por primera vez a la perdiz. Nació el 8 de enero de 2011 y durante la media veda ha demostrado ser un perro muy trabajador y seguro. Me queda mucho tiempo hasta las 3 de la tarde y tengo la esperanza de poder abatirle alguna.



Kobi busca sin cesar, los minutos pasan y el tiempo se agota sin poder ver las rojas. En un alto querencioso, Kobi se queda en muestra, está rígido, demuestra seguridad, si, claro. Está la perdiz adelante y que se levanta a bastante distancia, disparo pero no logro hacerme con ella.

Se acerca el final y empiezas a pensar en la poca perdiz que se ve, en los pocos disparos que se oyen para ser el primer día, en la cantidad de cazadores que pateamos el coto, en los días que faltan y en que si ahora hay poca perdiz, al final de temporada habrá muchas menos y entonces comienzan a surgir mis dudas. ¿Habrá poca perdiz o no habremos dado con ellas? Habrá que dejar pasar algún día más, pero si fuera lo primero, ¿Qué deberíamos hacer? El mejor regalo para un cazador es poder salir al monte con su perro e ir a buscar su pieza favorita, pero ¿y si el Coto no tiene la densidad de perdices adecuada? ¿Recortamos el número de piezas? ¿Recortamos el número de días? Todas estas alternativas no las queremos nadie o casi nadie, pero ¿Qué es mejor, anticiparnos o decir hasta donde llegue, llegue. Esto si que sería un error. En medio de esta gran preocupación, me viene a la cabeza ese disparar a toda perdir que vuele sin que intervenga el perro, esas dudas en si apunto o no apunto en la tarjeta lo que capturo, esos que tienen un día mejor y habiendo hecho el cupo, no tienen reparo en sobrepasarlo y me sigo pregundando ¿Hacia dónde vamos? todas las respuestas me dicen que a nada bueno. O cambiamos de pensamiento o dentro de muy pocos años, la perdiz solo estará en los lugares que no podemos cazarla.

!Ójala no haya sabido encontrar perdices habiendo!
!Ójala el próximo día vea perdices y pueda oler mi perro sus huellas!
!Ójala mañana, solo tiremos a la perdiz que trabaje nuestro perro!
!Ójala mañana comprendamos que si hoy hacemos excesos, también mañana viviremos calamidades!