viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Para qué sirven los cupos de perdices?

30 de Octubre de 2011. Segundo día de caza en nuestro coto. En el primero se me abrieron varios interrogantes y hoy voy al monte con el pensamiento de cerrar alguno de ellos. Pepe con Ken y yo con Furia, afrontamos el cazadero primero juntos en mano, para después rodear el monte, uno por cada lado para juntarnos en el lado opuesto del comienzo. En el carro dejo a Kobi de 9 meses y también a Traviata de 5, hija de Verdi y que por su gran aficción deseo darle sus primeros momentos a las perdices. Procuraré sacarlos a media jornada para dosificar el esfuerzo por sus edades.


Encaro el monte con viento sur y confío en que Furia localice pronto alguna. Me equivoco, en uno de los lazos, se levanta una perdiz sola a 30 metros y que Furia no había detectado. Decido no tirarle. Si llevo un perro de muestra y vivo con el pensamiento de tener perros que hagan el trabajo bien, no tiene sentido para mi el tirar a una perdiz que ni tan siquiera la ha detectado. Primera perdiz que se libra.

La mañana transcurre con una temperatura agradable, casi impropia de la fecha, pero también es cierto que la climatología ha cambiado y precisamente a más cálida, al menos en nuestra provincia. Decido buscar la perdiz que se ha levantado por el lugar que mi vista la perdió, cuando Furia se queda en muestra, rompe y sigue cazando de un lado para otro, pienso que la lleva, la búsqueda se prolonga y en un espacio de terreno más o menos pequeño, de unos mil metros. Por la manera de buscar, por los lazos mas o menos cortos, por las emanaciones a lo largo de uno de los ribazos, pienso que está apeonando de una manera extraña, como si no fuera bien esa perdiz, también pienso que puede llevar algún perdigón de la primera jornada y eso hace que esté separada del bando. Sin embargo, pronto se resuelve mi duda, no se trata de una perdiz, saltó la liebre. Bien, la has trabajado bien y decido que la cobre.

Aunque mi pensamiento está en poder localizar el bando, grande o pequeño, sigo buscando la perdiz solitaria. La mañana avanza, hace calor, pero todavía es pronto y deseo tener algún lance con Furia de su caza favorita. En uno de los recorridos para acotar el monte, Furia se queda de muestra y no precisamente con un aire que le favorezca. La primera perdiz no la ha detectado y espero que ahora no me decepcione. No lo hace. Sale una perdiz a buena distancia y que logro abatirle. Bien Furia, bien.

Cargo la escopeta y me salen otras 5 chorreadas. No disparo más. Llevo 2 piezas y el cupo son 3 y deseo cazar a Kobi y a Traviata. Me voy apartando de la dirección que las he visto partir y rezo para que no se levanten mientras llevo la mano hacia el coche. Se ha cumplido. No se ha levantado ninguna. Furia ha cumplido y son las 11:30 horas, es tiempo de sacar a los jóvenes. Hoy tenemos una hora más y me vendrá muy bien para trabajar con los cachorros. Pienso que con el tiempo que queda y las perdices avistadas, mal se tendría que dar para no mostrar alguna y poder ofrecer a las criaturas.


Traviata, hija de Verdi. 5 meses. En muestra sobre perdiz.

También me equivoqué. No pude disparar. Cuando localicé de nuevo las perdices, era demasado tarde y la hora se acerca y el coche está lejos. Las perdices pueden descansar. El día ha terminado.

Los cupos de piezas de caza son para cumplirlos. Para algunos cazadores, el limitar el número significa matar menos. Para mi significa cazar más. Para mi también significa, que en momentos de escasez, el racionar hace que podamos cazar todos los domingos de la temporada. En otros cotos, la perdiz solo se puede cazar dos días, tres, cuatro o alguno más. Y reflexiono, ¿Esto es lo que queremos? Para cazar 3 días en el año, no soy cazador.

Para mi la situación está tan clara que cualquier cazador que lo medite lo verá clarísimo.

Si hoy tenemos un bando de 10 perdices y abatimos 8, con mucha suerte puede quedar una pareja. Esa pareja también con mucha suerte, si se libra del resto de depredadores, hará una pollada de 10 que estarán para la próxima temporada. Tendremos 12 perdices.

Si a ese bando de 10 le abatimos 6, también con mucha suerte, nos quedarán dos parejas. Con el mismo argumento que el anterior ejemplo, estas dos parejas nos darán 20 polluelos. Tendremos 24 perdices para la próxima temporada.

Si respetamos los cupos, seremos más selectivos, tendremos mejores perros, cazaremos más días y tendremos más posibilidades de capturar más. En resumen, disfrutaremos más.