jueves, 7 de noviembre de 2013

Un día de perdices. Juan,Emilio y nuestro perro Roco.

Un Setter, una perdiz, un cazador y muchos buenos deseos.
          03 de Noviembre de 2013. Segundo día de caza en nuestro coto. Con varios días de antelación, contacté con mi hijo Emilio para animarle a que viniera a cazar en el día de la desveda. Después de tanto tiempo sin poder cazar y con buenas previsiones en la crianza de la perdiz, podían ser buenos componentes para pasar una buena jornada de caza. No pudo ser. Su compromiso con el Club Ciclista Moncayo Soriano en el diseño de una exigente ruta para disfrutar el día 9, lo impidió.
         Mi deseo como Padre es que viniera a cazar para que pudiera disfrutar de algún bonito lance en estos momentos en que las perdices están menos hostigadas. El deseo de mi Hijo es satisfacerme con su compañía, aunque para ello sacrifique lo que más le gusta, la bicicleta. Emilio me llama por teléfono y me dice que viene para ir a cazar juntos.
       Son las 7 de la mañana, hago de despertador. Emilio, ¿Qué tal has dormido? bueno, podía haber dormido, porque acabo de meterme a la cama, contesta. La familia y la compañía de los amigos, han recortado el tiempo de descanso, pero no existe una palabra de desánimo, todo lo contrario y me dice que ya viene. Recojo los perros y a falta de Gora, setter que cazaba siempre con Emilio, este año le tengo preparada a Furia. ¿Cómo se comportará con él? Ya veremos.
           Nos situamos en el cazadero, todavía no es de día y la niebla hace acto de presencia. Esperamos. Pronostico que enseguida se irá, pero nada de eso. Eran las ganas que teníamos los tres de que eso sucediera. Pepe, Emilio y yo. Pasada una primera hora, vemos que la niebla se levanta y hace posible el poder desenfundar las escopetas. Planificamos la salida y mis intenciones eran que Emilio sacara a Furia y se apartara de mi, para que la perra no se viniera conmigo, pero Emilio dice que prefiere que vayamos juntos. Dicho y hecho. Soltamos a Roco (el de la foto) y a Furia juntos. Salen como un tiro de rápidos y nada más salir, se encaminan hacia donde estamos escuchando cantar a las perdices. No llevamos ni 2 minutos caminando y de nuevo se presenta la niebla. Los perros que han desaparecido y nosotros que no podemos avanzar. Nos paramos y esperamos a que vengan los perros y desaparezca la niebla. Pues ni lo uno ni lo otro. Aparece Roco pero no Furia. Así hasta las 11 de la mañana. No puede ser, decía yo para mi. Para un día que viene Emilio y que pase todo esto. Niebla y la perra desaparecida. Esperábamos que algún cazador nos llamara si se le unía, porque en el collar iban marcados los números de teléfono. Nadie nos llamó y mis pensamientos eran confusos. ¿Qué ha podido pasar? Ante esta adversidad, decidimos salir a cazar y confiamos en que pueda unirse a nosotros a lo largo del resto de la jornada.
           Confiamos en Roco y poco a poco fuimos disfrutando de algunas muestras de perdices que salían muy largas, parecía que estábamos a final de temporada en vez de al principio. Transcurría la mañana y se acercaba el final y por todo lo vivido, ya estaba yo pensando que era un día para olvidar y no para recordar. Emilio me va diciendo, Juanitooo, que hoy tenemos que llegar pronto, eh? que si no, nos echarán la bronca como siempre y además tenemos que echar un vermut, así que ves acortando la mano y ves hacia el coche. No eran mis deseos, pero también pensaba que llevaba razón. Subimos al pico y llevamos esta mano hacia abajo. Es posible que haya alguna perdiz ahí y así vamos hacia el coche, digo yo y a Emilio le parece bien. A unos trescientos metros, Roco se para en muestra y salen dos perdices, Emilio no desaprovechó la ocasión y de un certero disparo abate una de ellas. Bien, muy bien, déjale que la cobre Roco. Saca la cámara de fotos, me dice Emilio, veamos con la modificación que he realizado qué tal foto sale. Yo poso con Roco y con el trofeo que pertenece a mi Hijo y pum, ya está. A mi me invadió la alegría. Iba pensando toda la mañana en poder vivir muestras y guías con Roco para disfrute de Emilio, pero nada de eso estaba sucediendo. Hasta ese momento. Yo seguía sin disparar y cuando faltaban cien metros para acabar la mano, una nueva perdiz se vino con nosotros.
            Un día para recordar. Tres horas sin poder cazar por la niebla. Perdemos a Furia. Para el primer día que viene a cazar Emilio, lo hace sin dormir y aun así cobra dos perdices. Yo sin disparar y con todos estos ingredientes, venimos los dos más contentos que unas castañuelas. En la vida, si deseas el bien para los demás, te llegará a ti también.


   

2 comentarios:

  1. Hola Emilio y familia,he estado leyendo tu dia de caza y la verdad que os paso de todo pero lo realmente importante es disfrutar y se que vosotros lo hicistes con creces.
    Un saludo para todos
    Juanma

    ResponderEliminar
  2. Hola Juanma. Me alegra saber que estás y estáis ahí. Deseo que vuestra temporada comience con fluidas localizaciones y bonitos lances de los perros. Por mi parte, con intensidad. Saludos.

    ResponderEliminar