viernes, 22 de agosto de 2014

Cobro forzado, dedicación recompensada.

          Yuma de Aregorata. Es una perra muy cazadora, acusa la calor, es muy obediente y el trabajo que realiza lo ejecuta sin fallos. No realiza el cobro. En este apartado no ha respondido a las expectativas puestas en ella, ya que cuando tenía 3 meses recuperó una codorniz con una pasión fuera de lo normal, con sus hermanos de camada presentes. La disputa entre ellos y yo entrar en la escena, para quitársela, creo que haya sido el motivo de este cambio tan radical. Aprende rápido y si le corriges alguna conducta una vez, casi seguro que no lo tengas que hacer más. Si no fuera por que acusa en exceso la calor, estaríamos ante una perra perfecta para la caza de la codorniz y de la perdiz. Aun así, decidí embarcarme en la tarea de educarla en el cobro forzado. 

          El Cobro Forzado. Se trata de una labor de constancia y considerando que cada perro es distinto, Yuma en este campo ha sido muy testaruda. Tanto que he tenido que hacer variaciones en el desarrollo del método, para desbloquearla en varias ocasiones. Cuando por fin cobró a la orden el apport, ya empecé a ver algo de luz, pero no mucha porque lo hacía cuando quería y sin ganas. Mi constancia y recordando que quien más resiste suele ser el ganador, seguí haciendo más variaciones y dando alimentos con olores muy excitantes como premios  para hacer más amenos y agradables los ejercicios. Apport de madera, pequeños troncos, guantes y palomas congeladas, sirvieron para las sesiones de aprendizaje. Después de muchos días de trabajo, el cobro forzado se realizaba más o menos perfecto.

          Llegó la Media Veda. Era momento de comprobar si Yuma cobraría ahora las codornices. Pues no. No cobraba. O para ser más exactos, cobraba pero no traía, dejaba la codorniz donde le parecía y no precisamente cerca de mi. Mi decepción era patente en mi rostro, aunque con disimulo para que no me viera el cabreo que llevaba. La sentaba, le lanzaba la codorniz y le ordenaba cobrar. Yuma cobraba la codorniz y me la traía. Así, una, dos, tres y cuatro codornices. Ante este comportamiento, ya creía que para que me cobrara Yuma, antes tenía que cobrar la pieza yo. Esto es de risa, pero también de un cabreo monumental.

          Jueves 21 de agosto de 2014. Yuma se queda en muestra, su cabeza en alto me decía el lugar distante de la pieza, era en la primera hora y hacía frío y de repente, un precioso bando de perdices rompe el gran silencio de la mañana. Yuma se marcha detrás de ellas y cuando viene, de nuevo se queda otra vez de muestra con gran poderío y con finura de nariz, mirada en alto. Le asisto pensando que sería alguna perdiz rezagada, sale una, dos y tres, me quedo mirando y pensando que eran perdigones, no disparo hasta que me doy cuenta que son codornices y sale una cuarta que abato. Yuma la cobra y me la trae. Muy bien, muy bien Yuma. !Que alegría! 

         En circunstancias normales, por la tarde hubiera sacado a otro perro, pero de nuevo salió Yuma. Quería comprobar si seguía en esa aptitud de cobrar y traer como lo había hecho por la mañana. Ya en el cazadero, bordeando uno de los ribazos de la finca, una codorniz se levanta y la sigo con la vista hasta unos cien metros, unas zarzas impiden ver la nueva dirección. La busco y la perra toma el rastro en un pedregal, pero aun insistiendo una y otra vez, Yuma no desenreda el laberinto dejado por la africana. Una búsqueda distinta y cazando en dirección contraria el ribazo donde había tomado emanaciones, Yuma me premia con una preciosa muestra y con buen hacer, sale la codorniz que abato de primero. Yuma cobra con decisión, me la trae y me la entrega a la orden. Bien, bien, bien............. !Que satisfacción! las horas dedicadas al cobro forzado han dado su fruto. Espero que a partir de ahora, tanto sacrificio se convierta en alegrías. Desde este medio animo a todos los que tengan este problema a que se esfuercen en esta tarea, porque al final, todo esfuerzo tiene su recompensa.