martes, 18 de octubre de 2016

Moro de Aregorata, un setter con muy buena cabeza.

Moro de Aregorata a muestra sobre perdiz

Moro de Aregorata no deja de sorprenderme. Hace cosas diferentes a un gran número de Setters y por ello merece mencionarle. Pretendía cazar la codorniz en los rastrojos, pero llevando a Moro es casi imposible.

La media veda ha sido extraña además de precaria en codornices. Había mucho trigo sembrado y la cosecha ha sido buena por lo que los rastrojos estaban tupidos y excelentes para que hubiera habido codornices de haber sido un año normal. No ha sido así. Quizá haya sido el peor año que he conocido en cuanto a número de codornices. Para localizar una codorniz había que trabajar bastante y llevar perro que supiera cazarlas. He cazado con dos perras preparadas para las codornices y con alguno de los jóvenes. Casi siempre las localizaba la perra veterana y el joven a dos velas.

Con esta realidad, aprovechabas varios momentos para sacar a los perros becaderos. En una de estas salidas, le tocó a Moro de Aregorata. Empiezo a cazar en un rastrojo, pero le costó salir de él, tanto como salir del carro. Pronto tomó altura en el elevado terreno y se dedicó a cazar por donde él consideraba que podía encontrar aves. Estoy de él a unos 150 metros y veo salir 4 ó 5 perdices por debajo de mí. Moro recorriendo el monte, pasó por el lugar que había visto salir a las perdices y de forma fulminante se tumbó en muestra. Yo veo toda la acción a la distancia descrita. Me voy acercando a él, pero veo que se marcha, lo pierdo de vista por la ondulación del terreno y pasados escasos dos minutos, lo veo relajado y tranquilo, como diciendo, bueno, aquí han estado unas perdices. Hasta aquí, se puede decir que es lo que harían un gran número de setters. Ahora viene lo distinto y lo bueno.

Moro se desentiende de las emanaciones y se marcha directo otros 150 metros aproximadamente a meterse en una balsa de agua. Lo veo que sale del agua y comienza a tomar altura dirigiéndose hacia el lugar donde yo había visto marcharse las perdices. Se eleva en vertical hacia la cumbre y mi sorpresa y admiración cuando veo a Moro quedarse en muestra otra vez, pero a 200 metros de donde habían salido las perdices y apeonando habían tomado la cumbre de la montaña.

Yo no podía ir hacia él porque me encontraba muy lejos y para más dificultad hubiera tenido que subir unos 200 metros todo pendiente y de la buena hasta donde se encontraba tumbado. Ví salir la perdiz y mi alegría era notoria por ver una escena cargada de inteligencia, pasión y clase.

Enorme Moro. Sabía que con la calor que hacía no podía encarar el recorrido que según él debía hacer para encontrar las perdices que habían dejado las emanaciones mostradas y pensó en que necesitaba refrigerarse. Se bañó y entonces si que estaba en condiciones de buscarlas y vaya si lo hizo.  No utilicé escopeta y me limité a ser un privilegiado espectador de un setter que lleva dibujado el pájaro en su mente y por eso sabe donde buscarlo. En esta ocasión  por el atajo. 


Moro de Aregorata con la misma perdiz.